Novena al Beato Emperador Carlos de Austria

Pidiendo su Intercesión y Canonización

Novena al Beato Emperador Carlos de Austria

pidiendo su intercesión y por su canonización

 

Basada en la novena original alemana de Monseñor Dr Reinhard Knittel (editor) y extractos de Ein Kaiser Stirbt por el Prof. Dr Hans Kart Zebner-Spitzenberg (Lins –Verlag, Altenstadt).

 

Novena original publicada en 1998, 2004

Texto en Inglés por Nathan Cochran, O.S.B.

 

Prefacio por el obispo de San Polten de las ediciones de 1998 y 2004

Reverendo Kurt Krenn

Presidente, Kaiser Karl-Gebetsliga fur den Volkerfrieden

Como Presidente de la Liga de Oración Emperador Carlos, tengo la gran alegría de presentar esta Novena para todas las personas de buena voluntad. Con su ayuda la espiritualidad del Siervo de Dios Emperador Carlos I de Austria será más accesible y podrá ser usada por el grupo más amplio de personas que sea posible para que rezándola e imitando su ejemplo todos seamos bendecidos. Que al honrarlo se cumplan las palabras del Salmo en el que los justos serán recordados por siempre (Sal 111, 6).

Hoy, 76 años después de su muerte prematura en el exilio, su personalidad recta es mas importante y relevante que nunca especialmente para una Europa unida, como testigo creíble de que la cabeza de estado puede y debe seguir los dictados de una conciencia rectamente formada en el cumplimiento del deber, aun cuando requiera sacrificios personales o desventajas.

Que el Siervo de Dios permanezca con su promesa de bendición sobre una Europa unida que sólo puede existir por la fe en Dios.

San Polten,7 de agosto de1998

+Kurt Krenn

 

Nota de la presente edición: el siguiente texto en español no es oficial; es sólo traducción del original en inglés.

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Oración por la Canonización

del Beato Emperador Carlos de Austria

(Para ser rezada al comienzo de cada día de la Novena)

Padre Celestial, a través del Beato Emperador Carlos le has dado a Tu Iglesia y al pueblo de Dios un ejemplo de cómo podemos llevar una vida espiritual exigente de manera convincente y valiente.

Sus acciones públicas como Emperador y Rey, y sus actos personales como hombre de familia, estaban firmemente basados en las enseñanzas de la Fe Católica. Su amor por su Señor Eucarístico creció en tiempos de prueba y le ayudó a unirse al sacrificio de Cristo a través del sacrificio de su propia vida por su pueblo. El Emperador Carlos honraba a la Madre de Dios y rezó con amor el rosario durante su vida.

Fortalécenos por su intercesión cuando el desaliento, la debilidad, la soledad, la amargura y la depresión nos inquieten. Que sigamos el ejemplo de tu fiel servidor y sirvamos generosamente a nuestros hermanos de acuerdo a Tu Voluntad.

Escucha mi petición y concédela: ... (mencione su intención aquí).

Concédenos que el Beato Carlos de Austria sea considerado digno de ser canonizado, para la gloria de Tu Nombre, la alabanza de la Bienaventurada Virgen Maria y para la bendición de tu Iglesia.

Amén

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Oración Conclusiva

(Para ser rezada al final de cada día de la Novena)

Dios nuestro Padre, a través del regalo del Beato Emperador Carlos nos has dado un ejemplo a seguir.

En tiempos extremadamente difíciles llevó a cabo su pesada tarea sin perder la fe.

Siempre siguió a Tu Hijo, el verdadero Rey.

Llevó una vida humilde, amando sinceramente la pobreza y dando su alma y corazón por la búsqueda de la paz. Aún cuando su vida estaba en peligro confió en Ti, poniendo su vida en Tus manos.

Todopoderoso y Misericordioso Dios, por la intercesión del Beato Emperador Carlos te rogamos que nos des su fe incondicional para que nos sostenga en las mas difíciles situaciones, y el coraje para seguir el ejemplo de Tu Hijo único.

Abre nuestros corazones a los pobres y fortalece nuestro compromiso por la paz dentro de nuestras familias y entre los pueblos.

Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor.

Amén.


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Día Primero

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Reverencia por el Santísimo Sacramento

El Beato Emperador Carlos vivía bajo la gloria del Santísimo Sacramento. Los rayos de la gracia de este esplendor le atraían y amaba visitar el tabernáculo. Ya sea agobiado por las tensiones del gobierno o al comienzo del día, buscaba la guía y el consuelo delante Jesucristo en el tabernáculo. Dondequiera que vivía buscaba tener una capilla privada donde reservar el Santísimo Sacramento. Su devoción por la Eucaristía se manifestaba en pequeños detalles como su preocupación por que la lámpara del Santísimo nunca se apague. Varias veces al día decía: “Debo ir a ver si la luz del altar esta encendida”. Cuando decía esto, todos sabían que estaría durante un tiempo arrodillado rezando delante del Santísimo Sacramento.

La profundidad de su oración y meditación era tanta que a menudo no era consciente de lo que pasaba a su alrededor. Por ejemplo, frecuentemente estaba tan sumido en oración que no se daba cuenta que estaban pasando la canasta de colecta. Para no perturbarlo, la Emperatriz Zita lo persuadía que sostenga su ofrenda en la mano desde el comienzo de la Misa para que ella pudiera tocar con el codo su brazo para que suelte el dinero en el momento apropiado.

El Padre Maurus Carnot, O.S.B. decía sobre el Emperador Carlos: “en Disentis (Suiza) no importaba si estaba nevando o si había tormentas de nieve, él siempre llegaba puntual para la Santa Misa en la Iglesia de Santa María, donde recibía la Santa comunión durante las misas en que el heredero Príncipe Otto, con su varonil cabello rizado, hacía de monaguillo.”

Durante la enfermedad mortal del Emperador, tenía los mas fuertes deseos de recibir la santa Comunión. La Santa Misa se celebraba normalmente en la habitación para invitados adyacente a la del enfermo. Al principio se le dejaba la puerta entreabierta para que pudiera seguir la Misa sin perder privacidad pero pronto pidió que le dejen la puerta bien abierta diciendo: “¡ yo también quiero ver el altar!”  Era tan respetuoso por la Eucaristía que no la recibía ya que tenía miedo que su tos constante profanara la hostia.  Pero extraordinariamente durante los sagrados ritos su tos se detenía por completo y podía recibir la Santa Comunión. Era como si estuviera obligado por el Señor a recibir la Santa Comunión. Cuando le pidió a la Emperatriz que le diga al sacerdote que deseaba recibir la comunión ella le dijo que no era posible ya que la Condesa Mensdorff iba a recibir la única hostia consagrada. Como el Emperador Carlos no pudo ser disuadido la Emperatriz Zita fue al sacerdote quien también habría oído una voz interna, porque había consagrado una hostia de más para el Emperador.

Así como vivió el Emperador, así murió. En vida estuvo unido al Señor Eucarístico; y el Santísimo Sacramento fue el centro de su vida cuando murió. Media hora antes de morir deseaba recibir la Santa Comunión. Aunque su rostro estaba pálido y consumido por su larga y agotadora lucha contra su enfermedad, su cara se ponía radiante de alegría cuando recibía la Eucaristía. Este esplendor permaneció en su rostro después de su muerte. Durante los últimos momentos del Emperador, el Padre Zsàmboki sostenía el Santísimo Sacramento delante de sus ojos y en la presencia de la Eucaristía dijo sus últimas palabras: “Que se haga Tu Voluntad, ¡Jesús, Jesús, ven!” Con su último aliento susurró: “¡Jesús!”

Entonces entró en la luz eterna, que está simbolizada por la luz de sagrario que con tanto cuidado se ocupó en su capilla.

Oración

Mi Dios y Señor, de acuerdo al maravilloso ejemplo de tu servidor, el Emperador Carlos, Te visitaré en el tabernáculo frecuentemente, y Te recibiré con gozo y anhelo en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) a través de la intercesión del Beato Emperador Carlos de Austria.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Segundo

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Un Emperador devoto del Sagrado Corazón de Jesús

“Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestros corazones semejantes al Vuestro.”

 El 2 de octubre de 1918, el Beato Emperador Carlos se  consagró y consagró a su familia al Sagrado Corazón de Jesús.

Por medio de su sufrimiento por ser juzgado erróneamente, difamado y perseguido; su deseo de sacrificar su vida por su pueblo; su exilio; y por medio de su dolorosa y mortal enfermedad, el Emperador Carlos permitió que su corazón se formara en unión con el Sagrado Corazón de Jesús.

Aún en el exilio y la enfermedad el Emperador asumió de corazón y con seriedad sus deberes como monarca y padre. Debido a su enfermedad, la Emperatriz Zita le leía los periódicos, pero ella sentía que los artículos le perturbaban y le preocupaban demasiado. Ella le rogó que no le pidiese que le leyera, ya que no era bueno para su salud; pero el Emperador le replicó: “Es mi deber estar informado, no mi placer. Por favor, lee.”

Su devoción al Sagrado Corazón de Jesús fortaleció al Emperador durante su dolorosa enfermedad. En su lecho de muerte le dijo a la Condesa Mensdorff: “Es tan bueno tener fe en el Sagrado Corazón de Jesús. Sin ella las dificultades serían imposible de sobrellevar.”

El Beato Carlos guardo durante su vida una imagen del Sagrado Corazón debajo de su almohada y también durante su enfermedad mortal. Una vez, la Emperatriz Zita deseaba que alcanzara su tan necesitado descanso; sacó la imagen que estaba debajo de la almohada y la sostuvo delante de los ojos del Emperador. Ella decía que era absolutamente necesario que él durmiese y que él debería pedírselo al Señor. Él miró fijamente la imagen y rogándole devotamente le dijo: “Queridísimo Salvador, por favor, concédeme el dormir”. Luego pudo dormirse y descansó durante tres horas que tanto necesitaba.

 

Oración

Mi Dios y Señor, de acuerdo al maravilloso ejemplo de Tu servidor el Emperador Carlos, yo también deseo consagrarme a tu Sacratísimo Corazón. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) por intercesión del Beato Emperador Carlos de Austria.

Amén

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Tercero

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Una vida de sacrificio

 “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.”

En el momento en que el Emperador fue exiliado a la isla de Madeira su vida ya consistía en hacer sacrificios por los demás.

Había perdido su tierra natal, su imperio y su trono. Su propia gente había confiscado su dinero y posesiones. Sin dinero, sin amigos, sin poder ganarse la vida y con una esposa, siete hijos y uno en camino para mantener. Él estuvo forzado a vivir bajo control extranjero, en una isla lejana, en una casa desagradablemente húmeda que no era habitable. Sin embargo, a pesar de todas estas pruebas, él estaba dispuesto heroicamente a hacer sacrificios por otros.

Finalmente, el único sacrificio que le quedaba al Emperador Carlos por ofrecer era su propia vida. A través de sus oraciones se convenció de que Dios quería que hiciese el último sacrificio de su vida por la salvación de su pueblo.

Durante su vida y en las tribulaciones el Emperador recibía la comunión diaria siempre que le era posible. Aún al final de su vida continuó con esta costumbre y en unión con la hostia en la patena, que se convierte en el Santo Sacrificio del Divino Cordero de Dios, él se ofreció completamente a la Voluntad del Padre por la salvación de su pueblo.

La iglesia favorita del Emperador en Madeira era Nossa Senhora do Monte, que podía verse desde cierta distancia. Una vez, hablaba con su esposa mientras tenían a la vista esta iglesia. El declaró que Dios le exigía que diera su vida por el bien de su pueblo. La atónita Emperatriz quedó sin habla y con resolución en sus ojos el Emperador miró a la Iglesia y dijo: “¡Yo lo haré!”

Poco después Dios aceptó el voto del Emperador, enfermó repentinamente y tuvo una muerte temprana. Las palabras proféticas del Papa San Pío X al conocer a Carlos cuando era sólo un joven archiduque, se cumplieron: “Yo te bendigo Archiduque Carlos que serás el futuro Emperador de Austria y ayudarás a guiar sus países y pueblos hacia gran honor y muchas bendiciones, pero esto no se hará obvio hasta después de su muerte.”

 

Oración

Mi Dios y Señor, te agradezco por el sacrificio que el Emperador Carlos hizo de su vida. Ayúdame a seguir su ejemplo desinteresado y a no rechazar ningún sacrificio que Tú requieras de mí. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) por medio de la intercesión del Beato Emperador Carlos de Austria.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Cuarto

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Compartió la Pasión de Cristo. Grandeza en el sufrimiento.

Aunque el Emperador Carlos fue forzado al exilio y tuvo que mudarse con su familia a una villa húmeda en la cima de una montaña cerca de Funchal, él siempre mantuvo una actitud positiva y el temperamento alegre. Él solía decirle a los que preguntaban: “Estamos inmerecidamente bien.” Siguiendo el ejemplo de Cristo tomó voluntariamente su propia cruz por el bien de su pueblo. Él ofreció su sufrimiento a Cristo crucificado: su exilio, su preocupación por el bienestar de su tierra natal y su gente; y también por su familia que carecía de comida, medicamentos, y estaba viviendo en una casa húmeda, sin calefacción y apenas amueblada.

Como Cristo soportó la burla de los soldados con la corona de espinas, la capa púrpura y la caña, así también el Emperador sufrió la mofa de sus enemigos. Él participó místicamente llevando los emblemas de la Pasión de Cristo a través del sufrimiento que le causó la condenación y deportación por sus propios ministros. No se abstuvo de la traición de los que estaban más cerca suyo.

Sin embargo, a través de todo esto el Emperador Carlos aún podía decir: “Le estoy agradecido a nuestro amoroso Dios por todo lo que me envía.”

Así como Jesús sudó sangre en el Huerto de los Olivos, el Emperador sufrió terriblemente del sudor en su enfermedad Terminal. Durante un arrebato en particular le dijo a la archiduquesa María Theresa: “Te ruego abuelita que me ayudes a no sudar tanto.” Ella replicó: “Los doctores dicen que es bueno para ti.” El Emperador Carlos le respondió: “Pero me temo que no podré soportarlo más.” La archiduquesa señaló el crucifijo que estaba en las manos del Emperador y dijo: “…por nosotros, El sudó sangre.” Sus ojos siguieron el gesto de María Theresa. Luego miró lentamente hacia el crucifijo y afirmó con su cabeza varias veces. Desde ese momento el Beato Carlos nunca más mencionó esa aflicción a pesar de que sufrió de ella hasta su muerte.

Su enfermedad empeoraba y sus sufrimientos incluían grandes esfuerzos para respirar, infecciones en sus brazos por las muchas inyecciones que recibía, quemaduras por los ungüentos medicinales y cuatro grandes quemaduras en el cuello y hombros donde estaba apoyado de espaldas. Tenían que sostener su cabeza erguida porque el Emperador estaba muy débil para hacerlo por sí solo. A pesar de estos sufrimientos él se mostraba considerado y preocupado por los demás, especialmente por sus hijos ya que temía que estas aflicciones pudieran ser contagiosas.

Los doctores que lo atendían afirmaban que nunca habían visto tal fuerza de voluntad como la que tenía el Emperador. Practicaba notablemente el auto control a través de su enfermedad, su agilidad mental seguía intacta a pesar de la fiebre y el dolor intenso. Sólo una vez notaron que tuvo un pequeño desliz al saludarlos en alemán en vez de en su lengua en común, el francés.

El Beato Emperador Carlos rezó constantemente hasta el final. Los doctores, que se habían encariñado mucho con su paciente imperial, lloraban como niños cuando se dieron cuenta que no podían evitar la muerte del Emperador o aliviar su dolor. Antes de morir afirmó: “Yo declaro que la Proclamación de noviembre es nula e inválida porque fue forzada. Ningún hombre puede negar ni borrar el hecho de que yo soy el Rey Coronado de Hungría.”

A las diez de la mañana dijo el Emperador: “Tengo que sufrir mucho para que mi pueblo pueda unirse otra vez.” Más tarde, poco después del mediodía, a las 12:23, los sufrimientos del Emperador se habían terminado para siempre.

Oración

Mi Dios y Señor, el Emperador Carlos humildemente recorrió el camino de la Cruz contigo. Ayúdame a seguir su ejemplo y a cargar mis cruces diarias por amor a Ti. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) por medio de la intercesión del Beato Emperador Carlos de Austria.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Quinto

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

 “Ama a tu enemigo”

El Emperador practicó heroicamente el mandamiento “ama a tu enemigo”.

A través de su vida practicó continuamente y de modo ejemplar el perdón a los demás. El Emperador Carlos sufrió terriblemente por mentiras, difamaciones y muchas adversidades a lo largo de su vida. Sin embargo, el ejemplo final del perdón fueron las palabras pronunciadas en su lecho de muerte: “Perdono a todos mis enemigos, a todos los que me han difamado y a todos los que han trabajado en mi contra.”

El 5 de abril de 1925, el anterior aide-du-camp, escribió en sus memorias sobre el Emperador Carlos antes de su ascensión al trono en 1916: “(Él tenía) una auténtica fe en Dios, era generosamente benévolo, adorablemente afable, incansablemente fiel al deber y tenía una excepcional aptitud para el liderazgo militar. Su carácter naturalmente humilde e inalterable se había fortalecido con una educación apropiada. Él no era orgulloso y no buscaba ensalzarse.

”Con natural alegría aceptaba cargas pesadas aunque su peso ya estuviera presionándolo. El coraje y valor del archiduque por su seguridad personal ya era muy conocido. Su desdén por su peligro personal lo caracterizó como emperador y lo preservó durante los peores momentos.

”Por otro lado, el Beato Carlos se sentía completamente responsable por el bienestar de sus subordinados. Su carácter puramente caritativo junto con su profunda fe formaban el mecanismo principal de su persistente lucha por la paz. En 1916, siendo el esperado sucesor, ya tenía como objetivo principal alcanzar un final rápido y honorable para la guerra; desde el primer día de su ascensión al trono puso todo su esmero para lograr este objetivo: proteger a las personas de su imperio de futuros sacrificios, y gobernar como un emperador pacífico sobre una Austria rejuvenecida.”

Es difícil creer que un hombre con esas virtudes y ese carácter noble hubiese recibido una oposición y difamación con tanto resentimiento como para buscar destruir su reputación. El Emperador no sólo sufrió la confiscación de sus bienes personales sino que también su buen nombre fue destruido por mentiras y falsedades.

La Sagrada Escritura enseña que el nivel de santidad puede medirse por la capacidad de amar a los enemigos. A la luz de este criterio podemos afirmar que el Beato Carlos tenía un alto grado de virtud.

Oración

Mi Dios y Señor, Tú nos enseñaste en el “Padre Nuestro” a perdonar los pecados de los demás para que nuestros pecados sean perdonados. Ayúdame a imitar el ejemplo del Emperador Carlos para que pueda perdonar todas las injusticias hechas contra mí. Escucha mi petición  y concédela (mencione su intención aquí) por medio de la intercesión del Beato Emperador Carlos.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Sexto

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Padre devoto

Una de las penurias más grandes para el Emperador Carlos fue la separación de sus hijos ya que él y la Emperatriz Zita fueron enviados en exilio a Madeira. Los niños permanecieron en Suiza hasta que la Emperatriz Zita, con muchas restricciones, pudo viajar y llevarlos con ellos a Madeira.

El siguiente es un relato de la reunión familiar:

“El 2 de febrero, el Emperador Carlos se encontró con la Emperatriz Zita y sus hijos –a excepción del Archiduque Robert (ya que se estaba recuperando de apendicitis)– para acompañarlos a ellos y a la Archiduquesa María Theresa a Funchal. El Emperador Carlos estaba parado en el malecón. La alegría de los niños cuando lo saludaron era indescriptible, con abrazos exuberantes cuando él abordaba el barco. Las lágrimas corrían por las mejillas del Emperador mientras llevaba al Archiduque Rudolf en sus brazos y bajaba la pasarela. Los presentes que habían ido con sus hijos estaban sorprendidos de ver cuan envejecido y cansado estaba su soberano. Pero era imposible ver alguna señal de resentimiento en su cara o escucharlo decir algo poco caritativo.”

Durante su enfermedad Terminal el emperador recibió un importante consuelo, ya que podía escuchar desde su cama las voces de sus hijos por la ventana y, además, ellos también podían escucharlo cuando los llamaba.

A lo largo de su enfermedad siempre fue considerado, y se preocupaba por el bienestar de los demás debido al riesgo de infección y también por el posible trauma que le podía causar a sus hijos verlo tan enfermo. Obró así con todos sus hijos, a excepción de Otto que, como heredero, lo llamaba a su lecho de muerte ya que quería darle al joven archiduque un ejemplo de cómo un monarca católico enfrenta la muerte. Mientras Otto sollozaba al ver a su padre luchando con la muerte, su madre le brindaba consuelo. Así, el emperador quiso proteger al resto de sus hijos del contagio y del trauma.

Una de las últimas oraciones que pronunció el Emperador poco antes de su muerte fue por todos sus hijos a quienes mencionó uno a uno poniéndolos bajo la especial protección del Señor. La Archiduquesa Maria Theresa escuchó al Emperador rezar por sus hijos. Ella lo cuenta de la siguiente manera: “Queridísimo Salvador, protege a nuestros hijos: Otto, Mädi, Robert, Felix, Karl Ludwig. ¿Quién sigue?” La Emperatriz lo ayudó: “Rudolf”; y él continuó “Rudolf, Lotti, y especialmente nuestro nuevo pequeño (la Emperatriz estaba embarazada de Elisabeth, que nació después de la muerte del Emperador). Presérvalos en cuerpo y alma y permíteles morir antes que cometer un pecado mortal, ¡Amén! Que se haga Tu voluntad. Amén.”

Oración

Mi Dios y Señor, te agradezco que el Emperador Carlos haya amado tanto a su familia y los haya confiado a Tu Voluntad y a Tu Divino Plan, al que amó tanto. Escucha mi petición y concédela (pida su intención aquí) a través de la intercesión del Beato Emperador Carlos. Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Séptimo

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

El Soberano

Testigos alaban el profundo sentido del deber del Beato Carlos. Él creía que la obligación de ser Emperador le había sido dada como una responsabilidad sagrada y se sentía como el padre de su pueblo. En una conversación con el Conde Polzer-Hoditz el 28 de abril de 1917, el Emperador dijo: “Se concluye, sin embargo, que simplemente hay que ayudar lo más que uno pueda. Como Emperador debo dar buen ejemplo. Si cada uno practicara sus deberes cristianos no habría tanto odio y miseria en el mundo.”

Su amor por sus vecinos era ejemplar. Para aliviar el sufrimiento de su gente cansada por la guerra, el Emperador Carlos ordenó que pusieran los caballos del palacio y los carros para repartir carbón a la población de Viena; además donó gran parte de su fortuna a los pobres y hasta dio ropa de su propio armario para los necesitados.

En 1914, al comienzo de la guerra, el futuro Emperador le hablo a una multitud que se había reunido a favor de la guerra: “Todos los que me conocen saben cuánto amo a Austria y a Hungría, no puedo echarme atrás en momentos de necesidad. Todos los que me conocen saben también que soy un soldado entrenado para la guerra. Sin embargo, no puedo entender cómo la gente puede recibir esta guerra, aunque sea justa, con tanto júbilo. La guerra después de todo es algo horroroso.”

El doctor Friendich Funder escribió sobre el Emperador Carlos en 1938: “El era el único jefe de estado que buscaba continuamente maneras de terminar la guerra… lo hacía a través de todo su ser, con amigos y enemigos. Si todo hubiera ido de acuerdo a la voluntad y esfuerzos del Emperador, millones de personas caídas en batalla -no sólo austriacos- se habrían salvado, y se habría evitado la espantosa degradación del pueblo alemán y Europa habría disfrutado de una paz duradera hasta nuestros días.”

El Emperador Carlos tenía la convicción interior de que Dios le había confiado la corona a él. Debido a esta certeza su coronación en Hungría tuvo un gran significado para él. Cincuenta años más tarde la Emperatriz Zita dijo sobre la coronación: “Lo que más nos impresionó a ambos sobre toda la ceremonia fue el emotivo lado litúrgico de todo, especialmente los juramentos que hizo el Rey en el altar, antes de su ordenación, de preservar la justicia para todos y de luchar por la paz. Esta promesa sagrada hecha en la catedral era exactamente el programa político que él quería llevar a cabo desde el trono. Ambos sentíamos esto tan fuertemente que casi no eran necesarias las palabras entre nosotros.” (Extracto de: Gordon Brook-Shepherd: El Último Habsburgo, Weybright and Talley, New York, 1968)

El rito de Coronación es descrito por la Dra. Maria Holbacher: “A través de este rito sagrado, que es administrado litúrgicamente `por la Gracia de Dios´ como un sacramento, él se convierte en soberano imbuido por la Divina Gracia para este puesto específico al que ha sido llamado, con el fin de gobernar al pueblo que se le ha confiado en paz y prosperidad para su salvación. La ceremonia de la coronación tiene lugar en la Santa Misa antes del ofertorio y es similar a las profesiones solemnes, la ordenación de sacerdotes, la bendición de abades y la consagración de los obispos. El candidato yace boca abajo en el suelo frente al altar mientras se rezan las letanías de los santos. El Primado de Hungría, el Arzobispo de Esztergom, confiere el rito de coronación y celebra la Misa. Luego de una larga oración, el candidato a la coronación, que permanece de pie, es ungido con el santo crisma y revestido con la insignia real mientras se citan individualmente sus sagradas obligaciones. Esto es para que el candidato entienda claramente que las expectativas y niveles de sus obligaciones éticas y acciones morales son tan elevadas que no pude cumplirlas con sus fuerzas humanas solamente sino con la ayuda de Dios.”

La fidelidad del Beato Carlos como monarca ungido es distintiva. Eligió ser malentendido, difamado, exiliado y reducido a la pobreza completa antes que ser desleal a su juramento de coronación. Estaba convencido de que no podía abdicar nunca ya que había recibido la corona irrevocablemente de las manos de Dios, a través de los representantes de la Iglesia.

Fray Maurus Carnot, O.S.B. que cuidaba pastoralmente del Emperador Carlos mientras estaba en el exilio en Suiza lo escucho afirmar enfáticamente: “Pero yo nunca renunciaré a mi juramento de coronación. La corona de San Estéfano es sagrada para mí. Podrán tomar mi vida pero nunca, nunca, nunca podrán quitarme mi juramento y mi corona sagrada.”

La Emperatriz Zita siguió el ejemplo de su esposo a lo largo de su vida y se mantuvo firme en su negativa por la abdicación.

Oración

Mi Dios y Señor, te agradezco por la fidelidad del Emperador Carlos a su vocación. Ayúdame a cumplir fielmente con mis responsabilidades. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) por la intercesión del Beato Emperador Carlos.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Octavo

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Fiel cumplimiento de la Voluntad de Dios

El Emperador Carlos buscaba la Voluntad de Dios en todo lo que hacía. Para él este era el principio más importante de su vida y de todas sus acciones. Testigos también destacan su amor a la castidad y su absoluto rechazo a que se use lenguaje indecente en su presencia.

 

La Emperatriz Zita relata lo que le dijo en su lecho de muerte: “¿Enojarme? ¿Quejarme? Cuando uno sabe que es la Voluntad de Dios, todas las cosas son buenas.” Y después de unos instantes: “Ahora voy a decirte con toda claridad lo que pienso: Todo mi afán siempre está dirigido a reconocer y cumplir la voluntad de Dios en todo, con toda la claridad posible y de la manera más perfecta posible.” Después de un tiempo repetía: “Solamente, no permitas que nos quejemos”.

La frase “¡Que se haga tu Voluntad!” era el principio que guiaba la vida del Beato Carlos y el que repitió poco antes de dejar su alma en las manos del Creador. Junto con Cristo el Emperador podía decir: “Mi comida es hacer la Voluntad de Aquél que me ha enviado.” El había recibido el encargo de guiar a su pueblo como regente de Dios y como tal este noble monarca se subordinó y entregó en humilde servicio. Estaba preparado para el Cielo y por esta razón el Señor pudo llamarlo hacia Él.

Los demás siempre estaban primero y siempre buscaba ser el último. En este sentido el Emperador Carlos es un buen ejemplo de un hombre devoto a María, quien dio su “Fiat” y dijo: “¡Hágase en mí según Tu Palabra!” Su alma pura reflejaba el “Fiat” de la Madre de Dios.

Incluso durante su enfermedad terminal y con delirio febril pensaba solamente en cumplir con sus obligaciones: “Se preocupaba por los niños de Viena a quienes trataba de conseguirles leche, luego por un soldado checo en un hospital militar que estaba muerto de sed. Siempre estaba preocupado por la descuidada evacuación de Transilvania ante una invasión rumana, un tema que fue causa de muchas violentas discusiones con el Conde Tisza.”

El Emperador Carlos siguió el ejemplo de su Señor y Salvador, que sufrió solo en el Monte de los Olivos y entre las más grandes pruebas bebió con Cristo del cáliz del sufrimiento. Él aceptó la Voluntad de su Padre en medio de sus más grandes aflicciones, las cuales excedían los niveles normales. Sin embargo, el Beato Carlos aún podía decir: “Estoy agradecido con nuestro amoroso Dios por todo lo que Él me envía.”

Oración

Mi Dios y Señor, te agradezco por el “Fiat” del Emperador Carlos en todas las situaciones de su vida. Ayúdame a reconocer Tu Voluntad en mi vida y a seguirla. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) a través de la intercesión del Beato Emperador Carlos. Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.

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Día Noveno

Rezar la Oración para todos los días, página 3.

Bendita Virgen María

El día de su muerte el Beato le preguntó a su esposa qué día era ese. “El día de la Madre de Dios”, le respondió la Emperatriz. “Entonces es sábado” confirmó él complacido. Después de su muerte, el cuerpo del Emperador fue colocado en la iglesia mariana Nossa Senhora do Monte en Madeira, donde descansa todavía.

A través de su vida el manto protector de María protegió al Emperador Carlos, lo que se puede ver en los eventos más importantes de su vida: “Su llegada a Madeira, el 19 de noviembre fue un sábado. Muchos de los días más importantes en la vida del Emperador ocurrieron en sábado. Él fue confirmado un día sábado, alcanzó su mayoría y se casó en sábado y fue coronado Rey de Hungría en sábado. Fue un sábado que el Rey retornó a su hogar en Hungría en un primer intento de restaurar la monarquía, y un sábado después que el segundo intento de Restauración Húngara falló al negarse a abandonar su derecho al trono, lo que tuvo terribles consecuencias. Fue un sábado crucial cuando la familia se mudó a la atmósfera neblinosa de el Monte; y el día final de la vida del Emperador, el 1 de abril de 1922 en que Dios llamó a su fiel servidor, fue un sábado.”

Con el rosario en la mano el Emperador Carlos peleó espiritualmente las batallas de su vida. Rezaba el rosario diariamente con mucha fe de manera ejemplar. Las cuentas del rosario que había recibido del Papa San Pío X se deslizaban a través de sus dedos mientras rezaba las oraciones familiares. Los negocios urgentes del gobierno podrían demandar su atención pero el Emperador aún sacaba  tiempo para tener media hora para rezar el rosario.

Como fiel hijo de María honraba a su Madre del Cielo imitándola. La modestia, la humildad y una naturaleza amistosa y encantadora eran algunas de las virtudes que él cultivaba. La consideración de la Voluntad de Dios, la devoción a una vida profunda de oración y las devociones marianas eran los principios fundamentales de su vida. Como padre y monarca amoroso permitió que su corazón fuera traspasado por la espada del sufrimiento, como el Bendito corazón de la Madre fue traspasado debajo de la cruz de su Hijo.”

Oración

Mi Dios y Señor, te agradezco por el cuidado maternal de María en la vida del Emperador Carlos. Ayúdame a seguir su ejemplo fiel y devoto, rezando el rosario todos los días. Escucha mi petición y concédela (mencione su intención aquí) a través de la intercesión del Beato Emperador Carlos.

Amén.

(Ave María. Padre Nuestro. Gloria.)

Rezar la Oración Conclusiva para cada día, página 4.