El Venerable Siervo de Dios Carlos de Austria
Breve biografía

Por el hermano Nathan Cochran, O.S.B.

En los brazos de su amada esposa y respirando con gran dificultad reza: “ Jesús mío, hágase tu voluntad – Jesús”. Con estas palabras  rinde su último suspiro  y   suavemente se va al encuentro de su Señor y Salvador. Su  enfermedad y constante sufrimiento llegan a su fin. Han terminado las  dificultades para respirar y las sienes empapadas en sudor, ha terminado también el tormento causado por el rechazo y  la alta traición.  

Poco después de mediodía del sábado 1 de abril de 1922,  un  humilde  mortal  enfrenta el fin de su vida con dignidad. Su nombre es Carlos (Karl).  Para sus compatriotas él es Su Majestad Imperial y Real Carlos, Emperador de Austria y Rey Apostólico de Hungría.

NIÑEZ Y JUVENTUD

El 17 de agosto de 1887 nace un hijo del Archiduque Otto  y de la Archiduquesa María Josefa en el Castillo de Persenbeug, Austria. Se le bautiza con el nombre de Karl Franz Josef Ludwig Hubert Georg Otto María. Es el primogénito del matrimonio y se le recibe  con gran alegría y agradecimiento.  La Casa Imperial de Austria se alegra del nacimiento del sobrino-nieto del Emperador Francisco José,  sin embargo  el resto del Imperio  no presta mucha atención al acontecimiento, ya que el niño se encuentra lejos del primer lugar en la línea de sucesión al trono. En ese momento se desconoce aún que una serie de tragedias y eventos modificarán su destino  y el del Imperio.

La niñez de Carlos es sencilla y sana. Recibe clases particulares de su tutor y luego va al colegio Schottengymnasium en Viena. Es educado en la fe católica, que practica con gran devoción, y se le conoce como un niño bueno y compasivo. Emprende varias labores para recaudar fondos  para los pobres  y comprar regalos para los que lo rodean.

Durante su juventud continúa la tradición familiar y se hace militar. A la edad de 16 años se le otorga el rango de Teniente Segundo del ejército imperial.  Se le conoce como un joven inteligente, concienzudo, fiel y responsable. Se convierte en un ejemplo para sus camaradas y rápidamente  se hace acreedor a varias promociones, lo que le permite subir de rango. Se prepara para su futura función en el Imperio, aunque a estas alturas se estima que no será heredero al trono sino hasta que su tío y su padre hayan reinado,  quizá unos 30 o 40 años más tarde.

ESPOSO  Y PADRE DEVOTO

El Archiduque Carlos recordaba con cariño a la hermana de uno de sus compañeros de juego de su niñez y cuando considera la posibilidad de casarse, en 1911, piensa en la Princesa Zita de Borbón- Parma quien entonces era una  joven  excepcional, guapa, vivaz y muy religiosa. Dada su timidez  con las mujeres pide ayuda a su  abuelastra, la Archiduquesa María Teresa quien, a su  vez,  es también tía de Zita.  La Archiduquesa María Teresa organiza una cacería de una semana en su propiedad e invita a los dos jóvenes para que tengan la oportunidad de verse y conocerse. Más tarde Carlos lleva a Zita al santuario de   Mariazell  donde le pide  matrimonio frente al Santísimo Sacramento y ponen su compromiso bajo la protección  de la Santísima Virgen Maria.

Se establece el día de la boda para el 21 de octubre de 1911. Un día antes de la ceremonia Carlos le dice a su prometida: “A partir de ahora, nos tenemos que ayudar mutuamente para llegar al Cielo”.

Dios bendice su matrimonio con  8 niños:  Otto, Adelheid, Robert, Felix, Carl-Ludwig, Rudolf, Charlotte y Elizabeth.  La prioridad de la pareja es su familia y una devoción profunda a Dios. Intentan vivir  una vida sencilla y tranquila,  mientras Carlos continúa su carrera militar.

UN SOLDADO CRISTIANO Y  MONARCA CATÓLICO

El 28 de junio de 1914 les llega la noticia desde Sarajevo que  el Archiduque Francisco Fernando, heredero al trono, ha sido asesinado, lo que convierte a Carlos  en  heredero  directo, cambiando su vida para siempre. El asesinato trae consigo como consecuencia inmediata  el comienzo de la primera guerra mundial.  Carlos es llamado para dirigir varias campañas  militares en las que se comporta  con gran valor y honor. En los frentes del este y del sur, sus estrategias  se muestran victoriosas  y  sus operaciones  militares siempre reflejan sus convicciones morales. En Italia instruye a sus oficiales para que eviten  el derrame  inútil de sangre.

“Asegúrense que los heridos sean atendidos lo más pronto posible, que los soldados tengan todo lo necesario....Prohibo la orden de no tomar prisioneros... prohibo terminantemente el robo, el pillaje y la masacre deliberada.....”

Para Carlos, su norte es el Reino de Cristo y el hecho de encontrarse en una guerra, situación que de por sí califica como inmoral,  refuerza  su interés  porque el ejército actúe moralmente.

Desde el frente, Carlos  es llamado al lado del Emperador Francisco José quien está cansado dada su avanzada edad. El 30 de noviembre de 1916, arrodillado al lado del lecho de muerte del Emperador, rezando un rosario con Zita,  escucha por primera vez el tratamiento  de “Majestad” dirigido a él. 

Su prioridad como Emperador  es restablecer la paz y la seguridad en Europa y en su Imperio. Comienza  negociaciones secretas de paz a través de sus cuñados los  Príncipes Sixto y  Xavier de Borbón-Parma, quienes se encuentran en posición favorable para  pasar secretamente  cartas de Carlos a los líderes de la Entente  en Francia e Inglaterra. Dichas  negociaciones se llevan a cabo entre el 22 de Noviembre  de 1916 hasta el 20  de Febrero de 1917 fecha en que el nuevo gobierno de París pone fin a estos contactos.

El Emperador intenta una nueva serie de negociaciones que continuarán hasta el final de la guerra, en las cuales su Ministro de Relaciones Exteriores, el conde Czernin,  y el Representante francés, el Conde Armand, negocian en Suiza. Dichos intentos, sin embargo, fracasan  cuando los franceses dan a conocer públicamente las negociaciones secretas del Príncipe Sixto. Estas revelaciones  perjudican la reputación  y también la imagen de destreza del Emperador como intermediario para alcanzar la paz mundial.

El Papa Benedicto XV también propone un plan para restablecer la paz, pero el único que acepta  las soluciones del Pontífice es el Emperador Carlos. Los otros países buscan continuar  la guerra para alcanzar sus propios intereses. Al entrar Estados Unidos en la guerra, el Presidente Wilson publica los “Catorce Puntos”  necesarios para poner fin a la misma. Carlos los acepta en su totalidad  pero para entonces, la Entente ya no lo reconoce como interlocutor válido.

Aunque a lo largo de todo su reinado, la atención de Carlos se concentra en la paz, el Emperador debe continuar librando una guerra que él no buscó y tratar de preservar a su pueblo del sufrimiento.

Desde el momento en que sube al trono, otorga una amnistía general.

En cuanto al ejército, prohibe los duelos, y también los azotes y otros castigos  tales como esposar las muñecas con los talones. Encuentra insoportable y prohibe el uso de gas mostaza para combatir al enemigo, así como el uso de submarinos.

Ordena que los soldados y los prisioneros de guerra, así como los heridos,  sean tratados humanamente  y crea un programa de distribución de libros para los soldados. Cuando le es posible conmuta sentencias de muerte ya sea a civiles o militares.

En la vida civil organiza comedores para pobres y utiliza los caballos  y las carrozas del palacio para distribuir carbón a los vieneses más necesitados; se bate contra la usura y la  corrupción y utiliza su fortuna personal dando limosna  más allá de sus posibilidades. Es el primer gobernante en el mundo en establecer  una Secretaría de Bienestar Social encargada entre otras cosas de la custodia de inválidos, viudas y huérfanos, de la seguridad social, de los derechos laborales y de la protección del trabajo,  actuando además como agencia de colocación,  ocupándose de los subsidios de paro, de la protección a los emigrantes y de los problemas de vivienda.

El Emperador  Carlos participa espiritualmente en el sufrimiento de sus pueblos y comparte sus mismas privaciones físicas ; ordena a la Corte acatar el racionamiento de víveres  y reducir las porciones alimenticias. Invoca el nombre de Dios en todos los decretos y  actos gubernamentales, crea una prensa católica, dicta leyes para combatir la obscenidad y planifica la construcción de más iglesias en Viena para servir a las necesidades crecientes de los fieles.

EXILIO,  INTENTOS DE RESTAURACIÓN Y MUERTE

 

A pesar de que el Emperador trabaja hasta su total agotamiento ,  la guerra continúa desgastando el Imperio,  hasta  su desplome final  el día 11 de noviembre de 1918.La guerra llega a su fin y con ella también la cohesión del Imperio de los Habsburgo. Se le pide a Carlos  que abdique, pero él se niega afirmando que su  Corona constituye  un encargo   sagrado de Dios y que jamás traicionará a Dios,  a sus súbditos o a su herencia dinástica.

Sus ministros lo obligan finalmente a retirar su participación en el gobierno y se establece con su familia en una propiedad de caza,  en Eckartsau. Sin embargo, el nuevo gobierno socialista sigue considerando al Emperador Carlos como una amenaza por no haber abdicado, por lo que lo envían en exilio a Suiza.

Durante algún tiempo la familia vive en Suiza una vida tranquila y sencilla,  hasta que el Emperador se entera  que muchos de sus súbditos  quieren que regrese a Hungría y tome nuevamente el poder. Carlos hace dos intentos por recuperar el trono. En el primer intento el Almirante regente Horthy convence al Emperador  de que el tiempo no es favorable y le recomienda regresar a Suiza hasta tener todo listo. Cuando se hace evidente que Horthy es un traidor y que su interés es  conservar ilegalmente el poder, Carlos  intenta recuperar el poder por segunda vez  contando con el apoyo popular.  Sin embargo, Horthy traiciona nuevamente a su legítimo monarca, lo arresta y lo entrega como prisionero a la Entente. Zita, que estuvo a su lado en este segundo intento, lo acompaña en su largo viaje al exilio final en  la Isla de Madeira.

En Madeira, la pareja imperial no tiene un céntimo  y carece de medios  para mantenerse. Los niños  estuvieron al principio separados de sus padres y no se reunirán con ellos  sino varios meses más tarde. Finalmente, la familia se reúne el 2 de febrero de 1922  (a excepción del Archiduque Roberto quien llega más tarde debido a una operación urgente) y se consuelan los unos con los otros.

La alegría dura poco tiempo  ya que sólo unas cuantas semanas más tarde Carlos se enferma de gripe, la que se transforma en pulmonía. El Emperador reza  constantemente y sufre muchísimo por largos días, diciendo: “ Tengo que sufrir para que mi pueblos se puedan unir nuevamente”. Cuando se siente morir, llama al Príncipe Heredero Otto  a su lecho para despedirse y para mostrarle  “cómo se conduce un Emperador católico a la hora de su muerte”.

El 1 de abril de 1922  murmura a su mujer: “ Deseo con ansia regresar a casa contigo. ¿Por qué no nos permiten regresar?”  Ella lo sostiene en sus brazos durante casi toda la mañana y él recibe la Sagrada Comunión y la Unción de los Enfermos. Ante el Santísimo expuesto en su dormitorio, Carlos intenta mantener un crucifijo entre sus manos. Poco después de mediodía, intenta besar el crucifijo y dice en voz baja: “Hágase tu santa voluntad Jesús ¡Jesús ven!  Sí, sí. Hágase tu voluntad – Jesús.” Luego dice en voz muy baja “Jesús” por última vez y expira. El Emperador de la Paz, esposo, padre y hombre de fe muere a la edad de 34 años.